Sunny no ha sido vista en el Zoo de Virginia desde el 23 de enero de 2017. De nada han servido los drones, cámaras de infrarrojos, unidades de policía y equipos de voluntarios. Tampoco la línea telefónica habilitada al efecto. No se sabe cómo ni en qué momento escapó esta panda roja de 19 meses de edad. El responsable del Zoo declara que Sunny podría haberse marchado en busca de pareja, o todo lo contrario: para evitar aparearse con su compañero forzoso, Thomas.sunny-2 Lo único cierto es que no tiene mucha prisa por volver. Mientras tanto, su huida despierta muchas preguntas y los medios se deciden a buscar en la hemeroteca, para comprobar si es cierto eso de que las fugas como las de Sunny son algo “inusual”.  Y resulta que, sin alejarse del Zoo de Virginia, descubren que en 1975 los chimpancés Chuck y Judy habían escapado haciendo un agujero en la valla. Tras una persecución y varios enfrentamientos con la policía, fueron devueltos a sus jaulas. En 1998, una pitón aprovechó una tormenta tropical para huir de las mismas instalaciones y permanecer en libertad durante 26 días. Entre 2004 y 2005, una cebra llamada Zeke protagonizó varios escapes y enfrentamientos con otros animales antes de ser deportada a Ohio. Y en 2007, otro panda rojo de nombre Yin se convirtió en predecesor de Sunny al escapar de su recinto dos veces en menos de un mes. Eso, de nuevo, solo en el Zoo de Virginia.

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No muy lejos de allí, en Washington DC, la gata montesa Ollie encontró a finales de enero la manera de escapar de su jaula en el National Zoo. Todo indica que se deslizó a través de un agujero en la malla que delimitaba su espacio. Durante tres días, los colegios locales cancelaron el recreo y la alarma social llevó a la “colaboración ciudadana”, hasta que Ollie fue capturada. El Zoo se vanagloria de que, gracias a su fuga, han empezado a vender por fin los peluches de gato montés. Pero no todo el mundo ha encontrado la mofa en la búsqueda de libertad de Ollie, y varias personas se han unido para iniciar un movimiento reivindicando su liberación. ollie-2Al igual que en el caso de Sunny, las 51 horas de libertad de Ollie sirvieron también para que mucha gente se preguntaran con cuánta frecuencia suceden estas cosas. Las indagaciones llegaron hasta el gorila Little Joe, que en 2003 escapó del Franklin Park Zoo y fue fotografiado “esperando al autobús”, el orangután Ken Allen y sus numerosas fugas del Zoo de San Diego, o las muchas noticias de principios de siglo, como el caso de la pantera negra que, en 1902, abandonó su jaula del Zoo del Bronx para nunca más volver.

Y sin embargo, el portavoz de la AZA (Asociación de Zoos y Acuarios) se atreve a declarar que los casos de animales fugados de “grandes” zoos no son muy habituales y no  llegan a la media docena al año. Estas declaraciones son citadas, seguramente no por casualidad, tanto en las noticias sobre Sunny como en las de Ollie. Sin embargo, los lobbies de defensa del cautiverio cada vez tienen los hechos más en contra de sus argumentos. En caso de que sus estimaciones fueran remotamente ciertas, 2017 habría cubierto ya su cupo.

Bald Eagle SoaringQue se lo digan al águila que el 23 de enero aprovechó el agujero hecho por “alguien” en su jaula, para salir volando lejos del parque de Ontario en el que llevaba 10 años recluida y obligada a criar polluelos para otras instituciones. Los responsables declararon muy alegremente que no sobreviviría, pero el hecho es que podría no haber salido, y podría haber vuelto si necesitaba comida. Sin embargo, eligió su camino hacia el cielo y, a no ser que la encuentren, sus hijas dejarán de ser objetos de intercambio para que los zoos se lucren a su costa. Sin duda, algo más que el simple “acto vandálico” que promulgan.

Que se lo digan también a Conner, el mono capuchino de 17 años que estuvo una semana fugado tras escapar el 16 de enero de un safari park en Tel Aviv (Israel). O a Oscar, el búho que se fue volando durante una exhibición el 1 de febrero en Adelaide (Australia), y logró mantenerse en libertad durante tres días.

conner

oscar-buho

Para Indah, la orangutana que escapó de su recinto en el Zoo de Chester el 17 de enero, era su segundo intento desde la inauguración de su reclusión hace apenas dos años. La primera vez, durante el verano de 2016, lo había intentado junto a sus compañeras Subis, Tuti y Siska.

tuti-subis-siska

Ahora el zoo se prepara, como siempre hacen en estos casos, para fortificar más su lugar de encierro, dificultar la resistencia y ofrecer así una mayor ilusión de que no hay verdaderos deseos de libertad por parte de los animales. Se fortalecen los muros y las excusas, pero también se fortalece cada vez más la información. Tal vez, muy pronto, serán los dueños de los zoos quienes no puedan seguir escapando de la verdad.

 

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