Un paseo por el exterior del Zoo Aquarium de Madrid, viendo a través de la valla las desoladoras instalaciones de la trastienda, cruzando la mirada con las decenas de babuinos exhibidos bajo el sol, escuchando la banda sonora que acompaña a los delfines en su cautiverio, nos puede dar una idea de la verdadera naturaleza de este negocio.

Pero hay otro lugar maldito en Madrid, predecesor directo del Zoo, que permanece como testimonio del horror que supone la dominación humana sobre los demás animales. Se trata de las ruinas de la Casa de Fieras en el interior del Retiro. Un pequeño foso y un par de terroríficas mazmorras, se muestran al público como un amable recuerdo de lo que no hace tanto era un orgullo para la ciudad.

PizarroPor aquel entonces, los zoos no necesitaban ocultar que su verdaderos propósitos eran el lucro y el entretenimiento, y era frecuente que los animales encerrados allí en pésimas condiciones, fueran utilizados también en espectáculos propios del circo romano. Ese fue el destino, por ejemplo, de la elefanta Pizarro. Su historia, aunque contada siempre como una anécdota del folclore madrileño, es uno de los testimonios más antiguos de rebelión animal que hayamos encontrado documentados.

Existen varias versiones de la rebelión de Pizarro, por lo que algunas fuentes se inclinan a pensar que puede ser una leyenda. Ante tal diversidad de datos, nosotras pensamos que, realmente, es posible que no fuera una sino varias veces las que la elefanta intentó huir. En abril de 1865, varios medios de la prensa escrita publicaron esta noticia:

Anteanoche martes 5 de abril á las diez y media de la noche se alarmó el pacífico vecindario que habita en las afueras de la puerta de Alcalá de esta corte. Fué el caso, que el corpulento y feroz elefante , encerrado en la plaza de toros de los Campos Elíseos, incomodado de que sus amos le abandonaran por las noches, rompió las cadenas que le tenían sujeto y, no contento con esta hazaña, se salió de la plaza, rompiendo las vallas, puertas y cerrojos, sin que nada ofreciera resistencia a sus colmillos y trompa (…)
Con el ejercicio se le despertó el apetito y después de dar unos cuantos paseos por los jardines, rompiendo árboles, faroles y causar algunos destrozos en las plantaciones, con una destreza admirable, emprendió a trompadas con la puerta de salida (…)” -incluyendo la caseta del guarda y al guarda mismo que salió volando por los aires-. Derribó la puerta de salida y Pizarrito ya se encuentra dando feroces rugidos en medio de la carreta de Aragón.
Despiertan los vecinos, se asustan, se alarman, se echan a la calle y, armados de palos, pistolas y escopetas, tratan de dar alcance al elefante; pero este huye, se mete en la tela, embiste a tres carretas, las destroza, maltrata a algunos bueyes y se dirige a la tahona de San José al olor del pan…”

Fuentes posteriores sitúan el origen de la fuga en un paseo para beber agua, o en la propia Casa de Fieras, pero son los Campos Elíseos el lugar más citado. Era un antiguo “parque de atracciones” ubicado junto al Retiro, que alquilaba el espectáculo itinerante de Pizarro a su secuestrador, Eduard Miller. La elefanta había nacido en Ceilán, y había sido obligada a viajar por varios países Americanos, Francia y finalmente España, con las condiciones que pudieran conllevar semejantes traslados en aquella época. En Madrid, se la encadenaba a una estaca clavada en mitad de la Plaza de Toros, y se le obligaba a luchar contra ellos a modo de “entremés” de la corrida. Pero, según se cuenta, ni ella ni los toros estaban por la labor, y era habitual que se limitaran a mirarse y pasear. Pizarro contra NerónAl ver que no hacían negocio de ella en los espectáculos violentos, comenzaron a forzarla a hacer otro tipo de trucos para el público, como descorchar botellas y beberse el contenido. Así, según algunas versiones no demasiado fiables, la elefanta habría roto sus cadenas inicialmente con el objetivo de infiltrarse en las bodegas  y satisfacer una impuesta adicción al vino. Posteriormente se habría echado a la calle, irrumpiendo en la tahona. Tras este incidente, Pizarro fue cedida a la Casa de Fieras. En cualquier caso, fue allí donde murió en 1978, a los 58 años de edad. Las causas de su muerte no fueron aclaradas, e incluso se llegó a hablar de asesinato o de que un ratón se había quedado atrapado en su trompa. Existe también la leyenda de que sus huesos fueron macerados en un estanque del Retiro, o enterrados en algún lugar del parque. En lo que coinciden varios medios es en que  durante los últimos años de vida de la elefanta, ésta “vegetó tristemente” encadenada en la Casa de Fieras. Más allá de la leyenda, Pizarro era un individuo con sentimientos cuya libertad fue cruelmente arrebatada y mercantilizada. Aún hoy, los carteles institucionales en los restos de la Casa de Fieras se mofan de su recuerdo, manifestando que los elefantes nacen “por naturaleza” con tristeza en la mirada.

Oso polar 2Más indignante aún es el letrero que narra la rebelión de un oso polar, sucedida unos años más tarde. Para las personas que han diseñado el vergonzoso cartel municipal, la estrechez de la jaula del oso es un motivo de burla, y se atreven a bromear con que su soledad y sus pocos metros de movilidad le permitían “reflexionar” sobre lo que había hecho. Pero a juzgar por los hechos, aquella jaula no fue sino una tortura y fuente de desesperación para el animal que, además, nunca volvió a ella después de su revuelta. Sucedió en julio de 1927. Al igual que vemos ahora en multitud de noticias, el motivo de la fuga del oso polar se achacó a que un cuidador dejó la puerta mal cerrada. Los relatos hacen también lo posible para evitar dotar de agencia al animal, explicando que no existía una intención inicial de atacar, pero su instinto de protección le llevó a lanzar un par de zarpazos al asustado cuidador. Tras esto, un segundo trabajador acudió a la escena liándose “a estacazos” con el oso, que acabó huyendo hacia la calle por la Avenida Menéndez Pelayo. Finalmente, el propio director de la Casa de Fieras se llevó el mérito de haber con el peligro, tiroteando al oso con su rifle.

Oso polar asesinado

Estas historias que se nos presentan como anécdotas del pasado, son la prueba de que los animales no humanos llevan siglos resistiendo a su explotación igual que ahora. Y estos lugares que supuestamente no son sino un mal recuerdo, son la base de los zoos contemporáneos. Puede que sus argumentos sean diferentes y sus fachadas menos sórdidas, pero sus valores permanecen. Los cambios que se van introduciendo, y su asimilación por parte de la sociedad, perpetúan estos valores, benefician a los explotadores y no a los individuos explotados.

En Madrid, fue Carlos III quien tuvo el antojo de construir el primer parque de animales en la Cuesta de Moyano. Durante el S. XVIII, los virreyes coloniales se encargaron de surtir a la Casa Real de animales provenientes de América. A lo largo de los años, los hacinados y descuidados animales de la Casa de Fieras sufrieron guerras, varios traslados y cambios de gestión entre la Corona, el Ayuntamiento y manos privadas, hasta que en 1972, siendo insostenible el número de visitas -llegó a tener más de un millón en un día-, se reubicaron en el actual Zoológico de la Casa de Campo.

Actualmente, la gestión corre a cargo de Parques Reunidos, segundo operador más importante de Europa en el sector del ocio (no de la ciencia), con 72 parques y una facturación de más de 500 millones de euros anuales.

El Zoo de Madrid sigue el modelo ideado por Karl Hagenbeck, con fosos abiertos en vez de jaulas, para ofrecer al público la ilusión de que los animales están libres. Hagenbeck también fue el primero en introducir humanas en los zoos modernos. A finales del S. XIX, era el más importante cazador y comerciante de animales. Proveía a varios circos y zoos, hasta que decidió fundar el suyo en Hamburgo. En 1874, tras una crisis en la que muchos de los animales murieron de frío, el bueno de Karl tuvo la idea de comenzar a secuestrar familias laponas, samoanas, nubias, etc., para exhibirlas recreando vagamente sus aldeas, trajes y costumbres. Human ZooFue un éxito entre el público, se organizaron giras, y otros zoos europeos siguieron el ejemplo, incluidos los de Barcelona y Madrid. Al igual que sucede ahora con los animales no humanos, muchos de los individuos exhibidos en aquellas exposiciones murieron durante los viajes, por falta de cuidados o por la imposibilidad de adaptarse al clima y la situación.

En la Casa de Fieras de Madrid, los visitantes podían ver esquimales pagando una peseta. Y el estanque frente al Palacio de Cristal se creó en 1887 para exponer en canoas a 45 personas de origen filipino. Los restos de quienes no sobrevivieron están ahora en el Museo Nacional de Antropología. Chu Lin en el museoDel mismo modo, en el Museo de Ciencias Naturales se expone ahora el cuerpo del oso panda Chu-Lin, cuya vida en cautiverio marcó un antes y un después en la imagen del Zoo de Madrid como institución conservacionista. El lavado de imagen a lo largo de los años ha llevado a mucha gente a pensar que el Zoo nació y perdura con un propósito científico y educativo, que ya de por sí no sería ninguna excusa para la explotación y el sometimiento. Jirafa-Calle-Alcalá1Pero no fue ningún noble propósito el que llevó a cientos de animales a ser transportados en grúas y camiones en los inicios de este negocio, y a que se adquirieran animales de los cinco continentes para completar “la colección”. De la Casa de Fieras, el Zoo “heredó una jirafa, tres osos, dos dromedarios y una hipopótama”. A ellos se sumaron 2.200 nuevas adquisiciones y 500 millones de pesetas”. El beneficio económico primaba sobre el bienestar de los animales, e incluso la prensa de la época criticó al Zoo por su falta de ética en el diseño de los recintos.

zoo ilógico

De aquellos días, el último superviviente fue un rinoceronte utilizado como fuente inagotable de semen y al que se puso de nombre “Macho”. La reproducción de especies catalogadas en peligro de extinción y la puntual colaboración con proyectos de conservación, les ofrece la tapadera para continuar con su negocio. Pero sirva de ejemplo el caso del tigre blanco Falcao, y Dora, una tigresa Tabby a quien trajeron desde Jerez para ser su pareja y criar con él. Ninguno de ellos se puede considerar un ejemplar “sano” o “puro” de su especie, sino que están genéticamente manipulados para tener un llamativo pelaje de cara a llamar la atención del público.

Más tarde inauguraron el acuario y el delfinario. De los primeros delfines secuestrados en aguas cubanas que llegaron en 1987, a día de hoy sólo queda Mary. Otras fueron llegando, marchando y muriendo con los años, también apartadas de su vida en libertad. Y muchas nacieron allí, fueron separadas de sus madres e intercambiadas con otros centros.

Pocas fugas han salido a la luz en los más de cuarenta años de trayectoria de este zoológico, pero cuenta Juan Pache, un antiguo cuidador, que en los primeros tiempos los monos capuchinos escapaban constantemente de su foso y tenían que estar “todo el día detrás de ellos”. En mayo de 2011, dos lémures de cola anillada consiguieron escapar de su recinto. La organización Libera denunció entonces que el Zoo cometía graves negligencias contrarias a su supuesto propósito educativo, como permitir que el público tocara y alimentara a los animales. El Zoo reconoció que tenía dispensarios de comida para primates, osos y aves al alcance de las visitantes, pero únicamente “para evitar alimentos incorrectos”. También son frecuentes las atracciones que fomentan el contacto, como el ofrecimiento de fotografiarse con los animales.

De entre las historias más infames publicadas sobre esta institución, destaca la trágica muerte en 2008 de una tigresa a manos de otra. Trini y Blanca se enzarzaron delante de los visitantes por un ínfimo territorio que nunca deberían haber compartido, y Blanca terminó muerta. Las muertes en el Zoo de Madrid son algo del día a día, pero rara vez salen a la luz. En 2006, después de anunciar a bombo y platillo el nacimiento de una bebé gorila, se vieron obligados a hacer pública su muerte 15 días más tarde. Con más recelo aún se llevó el fallecimiento de la elefanta Samy en 2014, tras su también publicitado parto. La cría de Samy, Buba, moriría dos años más tarde, poco después de su traslado a Selwo.

2

Hace unos años, la televisión autonómica emitió una serie de reportajes bajo el título Madrid Distrito Animal, donde trataban de simular un ejercicio de transparencia sobre el Zoo Aquarium de Madrid con un claro discurso de lavado de imagen. Aún así, el visionado de este programa con un espíritu mínimamente crítico, ofrece mucha información sobre cómo viven realmente los animales fuera de los horarios de exhibición, en qué condiciones son trasladados y obligados a reproducirse, etc. No queremos pensar en lo que no nos enseñan.

Seguramente, si lo supiéramos, podríamos seguir contando cientos de hechos aislados hasta llegar a la conclusión de que, si son cientos, no pueden ser aislados. De que el Zoo Aquarium de Madrid no es el amigo de la naturaleza que finge ser; y, aunque lo fuera, los individuos encerrados en él estarían pagando un injusto y altísimo precio.

 

 

Fuentes:

http://zoosdelmundo.mforos.com/1602936/7537192-fotos-i/?pag=16

http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20110503/54148123502/dos-lemures-de-cola-anillada-se-fugan-durante-unos-minutos-de-sus-recintos-en-el-zoo-de-madrid.html

https://urbancidades.wordpress.com/2012/12/12/la-atemporal-ubicuidad-del-elefante-pizarro/

http://caminandopormadrid.blogspot.com.es/2015/05/pizarro-la-elefante-que-se-dio-la-bebida.html

http://caminandopormadrid.blogspot.com.es/2015/07/el-dia-en-que-el-oso-del-zoo-se-escapo.html

http://www.rtve.es/alacarta/videos/te-acuerdas/acuerdas-larga-vida-zoo/1446756/

http://www.abc.es/20120616/local-madrid/abci-unico-superviviente-aquarium-201206152044.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/30/madrid/1241112917.html

http://www.efeverde.com/noticias/el-zoo-de-barcelona-denunciado-por-matar-una-animal-sano-recien-nacido/

http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2016-01-29/la-segunda-vida-de-chu-lin-el-oso-panda-que-conquisto-a-los-madrilenos_1143637/

http://elpais.com/diario/1991/08/29/madrid/683465057_850215.html

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2006/07/12/actualidad/1152655205_850215.html

Una tarde en el Zoo. Una vida entre rejas

Anuncios