El sábado 2 de julio de 2016, alrededor de las cinco de la tarde, en el parque Terra Natura de Benidorm una cuidadora fue atacada hasta la muerte por uno de los tigres encerrados.  Y por enésima vez consecutiva, ante la rebelión de un animal cautivo, la institución responsable esgrimía la explicación de que alguien se dejó “una puerta mal cerrada”. Este error implica que se puede aplicar la categoría de “accidente” a aquello que no lo es. Y la estrategia de responsabilizar del “accidente” a la persona fallecida, deja pocas vías abiertas para el contraste de la información. Si no fuera porque tener a animales salvajes confinados tras puertas cerradas ya es de por sí una explicación viable para su tendencia atacar. Si no fuera porque hay cientos de historias con las que contrastar, todas justificadas con las mismas excusas, todas silenciadas por los mismos mecanismos. Porque día a día se hace más palpable que, aquello que sucede cada vez que en un zoo alguien se deja una puerta mal cerrada, no son accidentes

Terra Natura lleva años criando, comprando, vendiendo e intercambiando tigres de Bengala y de Sumatra. Su tapadera conservacionista queda al descubierto ante la evidencia de que su verdadero negocio es el ocio. Entre sus “atracciones” destaca la inclusión de un hotel, en el cual los huéspedes pueden rodearse de una selección de lo que denominan su “colección biológica”. Es decir, más de 1.500 animales esclavizados para ser exhibidos ante los visitantes. En 2009, dos elefantas del parque fueron utilizadas para el rodaje de la película Didi Hollywood, restando toda credibilidad a la idea de que el objetivo de este negocio tenga algo que ver con la educación y la ciencia. El lugar se presenta al público como un zoológico de última generación, donde el público puede interactuar con los animales, y con recintos que reproducen la ilusión de que los individuos encerrados están libres. Pero, más allá de los horarios de exhibición, como en cualquier otro zoo, los animales residen en estrechas jaulas. Fue en una de estas celdas donde tuvo lugar el ataque.

Tigres de Bengala Benidorm

Terra Natura no ha difundido la identidad del tigre que acabó con la vida de la cuidadora, pero revisando la hemeroteca, puede comprobarse que todas las felinas residentes en esas jaulas tenían razones para estar estresadas y enfadadas. Los cinco individuos que componen la “familia” de tigres de Bengala de Terra Natura  llegaron allí en noviembre de 2015 como fruto de una acuerdo de intercambio de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios). Procedían del zoológico francés Boissière du Doré, cuyos responsables no tuvieron ningún reparo al explicar cómo los mayores del grupo, Shana y Radjik, habían sido forzados a convivir y procrear, convirtiéndose en padres de las otras tres. Shana y Radjik no se llevaban bien al principio, y su integración conllevó “problemas” que no se especifican. Radjik, además, es un tigre blanco. Es muy popular en los zoos europeos exhibir y reproducir a estos animales por la belleza de su pelaje; pero esta característica no es sino parte de una anomalía genética que, además de provocarles problemas de salud, contradice de forma contundente los argumentos de estas instituciones respecto a la reproducción de especies sanas para su conservación.

Para que Shana, Radjik y sus tres crían tuvieran espacio en Terra Natura, el parque se deshizo de alguna forma de otros de sus habitantes. En una noticia publicada en su blog, aunque contradictoria en lugares y fechas, explican cómo realizaron un intercambio entre dos grupos de tigres con el ya cerrado Safari Park El Vergel, donde en 1999 un matrimonio de turistas alemanes había fallecido por el ataque de un tigre de Bengala. Al realizar la transacción, Terra Natura hizo público que necesitaban aumentar su número de ejemplares, ya que el grupo “se había reducido con el paso de los años a causa de la mortalidad natural”. Tan natural como todas las enfermedades y muertes que asolan constantemente a los animales encerrados en zoos y acuarios.

KaliEn alguno de estos intercambios, el zoo se hizo con Eli y Martin, quienes también fueron obligados a procrear. Cuando Kali nació en 2010, Eli no pudo, no supo o no quiso cuidar de ella, así que la cría tuvo que ser apartada, alimentada por los humanos, y más tarde reintegrada de forma forzada. Según noticias posteriores aunque, de nuevo, algo difusas y contradictorias, habría sido la misma Kali quien llevó a cabo el fatídico ataque.

El propio zoo reconoce que los tigres son animales solitarios y territoriales, y que su integración en un grupo es algo artificial. Es por ello que, en la mayoría de los casos, los grupos son intercambiados en bloque. Pero no siempre es así. El tigre de Sumatra, Vanni, llegó solo a Terra Natura. A cambio, dos hembras habían sido trasladadas a Edimburgo, y allí únicamente quedaba Baginda, predestinada a ser su pareja forzosa. Pero la transacción no tuvo el éxito esperado, y Terra Natura se deshizo de Baginda también.

El día que realizaron el intercambio de tigres de Bengala, se habilitó para su transporte un camión de siete metros. Los animales fueron transportados en tres viajes, completamente sedados. Aún así, un vehículo de apoyo los seguía en todo momento, como parte del protocolario plan de emergencia. Los zoos reconocen, pues, que sus famosos “accidentes” son algo frecuente y viable. Y aún así, no pueden detenerlos.

Tras ocho años de experiencia encerrando animales, una mujer de 37 años se dejó una puerta abierta. Alguien aprovechó una oportunidad o, sencillamente, desató su ira por todo el dolor causado, y la única persona que podría explicarnos qué pasó ya no está. Así que, llamémoslo “accidente”. Llamémoslo “instinto”. Y que un juez decida si el tigre debe vivir o morir, porque todavía no le hemos robado la vida lo suficiente. Mientras, el animal permanece “sedado y aislado”, por si acaso el “accidente” no fuera tan accidental. Pero no podrán borrar lo que sucedió, lo que ya había sucedido antes y seguirá sucediendo mientras nos empeñemos en intentar contener una de las fuerzas que mueve la vida de cualquier animal, la búsqueda de libertad.

Lo que llevó a esta tigresa a cometer el ataque es esa misma fuerza, y es la misma que hace unas semanas condujo a la ejecución a la jaguar Juma en Brasil.

Juma

El lunes 20 de junio, Juma, fue exhibida junto al Ejército al paso de la antorcha olímpica por la ciudad de Manaos. Tras la ceremonia, consiguió zafarse de la correa que llevaba atada al cuello, y huyó. Según la versión oficial, un solo soldado fue enviado a buscarla, ya que la jaguar era “dócil” y estaba acostumbrada a la convivencia con los militares. Pero Juma no quería volver a sentir la correa, y se revolvió atacando al soldado. Tras cuatro dardos tranquilizantes que presuntamente no consiguieron calmarla, se decidió ejecutarla a tiros.

Juma tenía 9 años y era considerada una “mascota” por los militares que la exhibían. No debía ser ella, sino otro jaguar llamado Simba quien desfilase aquel día; pero en el último momento se cambió de opinión por causas que se desconocen. Al parecer, en esta región amazónica, El Batallón de Infantería de la Selva, que presume de “rescatar” a los jaguares del tráfico ilegal y de los centros de cautiverio, tiene como tradición utilizarlos después para desfilar en todo tipo de acontecimientos militares.

En un acto de responsabilidad sin precedentes, la organización de los Juegos Olímpicos no solo ha lamentado la muerte de Juma, sino que ha asumido lo que raramente los explotadores asumen: que había sido un error utilizar para sus propios fines a un animal salvaje encadenado. Sin embargo, esto no le devuelve la vida a Juma, ni la libertad a todos los animales cautivos en el mundo para satisfacer los caprichos humanos.Juma asesinada

Porque cuando hablamos de cautiverio, los accidentes no existen. Allí donde hay cadenas, se desata el ímpetu de romperlas. Estimados explotadores, esclavistas, domadores, capitalistas, visitantes egoístas… Los animales de cuyo encierro disfrutáis, os están diciendo algo muy importante: hay una manera muy sencilla para que nadie se vuelva a dejar una puerta mal cerrada… ¡Dejad de cerrar puertas!

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