Ayer, 4 de mayo de 2016, un hipopótamo sorprendió a todo el mundo caminando por las calles de Palos de la Frontera (Huelva). No se estaba “dando un paseo” como ha comentado el alcalde de la localidad. No era una broma, una anécdota, ni un caso aislado.Era Pipo, intentando una vez más conquistar la libertad que le han robado. Esta es la tercera vez, que se haya podido documentar, que intenta huir de su cárcel en el Circo Roma Dola.

La primera vez, según la organización Anima Naturalis, escapó en la localidad de Felanitx, “empujando las vallas que lo recluían”. La segunda fuga, a principios de 2012, fue presenciada por numerosos vecinos de Son Ramonell, en la localidad mallorquina de Marratxí. Pipo caminaba tranquilamente por las calles sin producir ningún daño, hasta que algunos de  los vecinos decidieron colaborar en su captura cercándole con sus vehículos y avisando a la policía. No había salida para Pipo. Alejado de su hábitat natural y recluido por la fuerza para entretenernos, en nuestro mundo no hay lugar para sus deseos de ser libre.

A pesar de las evidencias, el Circo negó que el hipopótamo se hubiese escapado. Según Ricardo Dola, uno de los dueños del circo, Pipo se encontraba aquel día pastando tras la función. “Los focos estaban apuntando a la carpa y le saqué a la acera para que no se tropezara”, declaró en una entrevista con el Diario de Mallorca. Es frecuente que los zoos y circos nieguen o traten de camuflar las innumerables fugas y rebeliones de animales que tienen lugar en sus instalaciones. Por un lado, no les conviene ser sancionados o dar una imagen de inseguridad. Sin duda, el hecho de que tener animales salvajes en cautividad sea un peligro para la integridad física de los humanos, es un argumento de peso (incluso dentro de una “lógica” especista) para rechazar este tipo de espectáculos. Por otro, ante la creciente lucha para que se reconozca el derecho a la libertad de estos animales, los centros de explotación necesitan mantener la falacia de que los individuos de otras especies no tienen la necesidad ni la capacidad de rebelarse contra su esclavitud.

Pero los hechos y los números hablan por sí solos. En el propio Circo Roma Dola, pocos meses antes de la aventura de Pipo, tuvo lugar la fuga de un dromedario. De poco serviría negarlo, cuando su imagen quedó grabada por las cámaras de una gasolinera del paseo marítimo de Ibiza.

Poco después, en marzo de 2012, un cachorro de león huyó del recinto que el mismo circo había instalado en Can Picafort.  Atravesó una carretera, y pudo disfrutar de la libertad durante unas breves horas, hasta que la policía lo localizó retozando en el césped de un hotel que se encontraba deshabitado en ese momento.

Por mucho que se empeñen en disfrazarlo, la libertad no entiende de especies. En agosto de 2010, en Vitoria, un guacamayo escapó de su explotador en el Gran Circo Mundial, y se refugió en un árbol. De nuevo la policía, que tampoco entiende de especies a la hora de desarrollar su despreciable labor represiva, fue quien se encargó de devolverlo a su condena diaria de patinar, bailar y conducir vehículos para entretenimiento del público y enriquecimiento de Don Giovanni, su autoproclamado dueño.

No sólo la esclavitud, sino la muerte, fue lo que encontraron un tigre y un león por escapar de sus jaulas en el Circo Holiday en abril 2001. Junto con otros dos leones y varias avestruces, habían visto su oportunidad de huir mientras el espectáculo se encontraba en Cascante (Navarra). Sin que llegaran a abandonar las instalaciones, El propietario avisó a la Guardia Civil, y varios agentes armados fueron enviados a la zona. El domador y otros empleados consiguieron devolver a la mayoría de animales a sus recintos, pero dos de ellos resistieron escondidos entre las caravanas.  “Fueron abatidos tras numerosos intentos fallidos, dado que al menos se escucharon diez disparos entre las doce y veinte y la una menos cuarto. El tigre, que resistió malherido, fue el último en caer” (Infocircos.org)


Según algunos medios de comunicación, más animales (avestruces y dromedarios) resultaron heridos por aquellos felinos con los cuales, para empezar, nunca deberían haber compartido cautiverio.  Para quien se asombre o se lleve las manos a la cabeza por esta supuesta tendencia sanguinaria de los animales salvajes, cabe añadir que la policía declaró en su día que  «hubo padres que subieron a ver la cacería con sus niños».

El famoso Circo Americano también ha sido protagonista de más de una fuga. En 2006, en Valencia, una cría de llama salió por unas horas de su penoso recinto y fue a parar a la feria navideña. No tardaron en encontrarla. En 2008, según Igualdad Animal, dos de las cuatro crías de llama que había en el Circo Americano, fallecieron.

Cría de llama en el Circo Americano. Imagen: Igualdad Animal
Cría de llama en el Circo Americano. Imagen: Igualdad Animal

Por dos veces, la provincia de Girona ha visto fugas de elefantas del Circo Americano. La primera de ellas se documentó en 2005, en Playa de Aro. Tras la función, una de las cuatro elefantas que el circo tenía en aquel momento, huyó de sus cuidadores. En poco más de 20 minutos, recorrió 500 metros y chocó con un vehículo. Los domadores utilizaron a otro paquidermo para atraerla e introducirla en un camión. Cuatro años más tarde, otra elefanta (tal vez la misma) escapó durante diez minutos en L´Escala.

Bastante más larga fue la huída de un caimán que, en noviembre de 2010,  encontró un hombre en una charca cercana a su domicilio de Casas del Monte (Plasencia). El animal había desaparecido meses antes tras el paso de un circo por la localidad.  No se trata de un caso tan aislado como pueda parecer. Con una búsqueda rápida en Internet, se pueden encontrar innumerables noticias sobre animales fugados de circos, y eso limitándonos al estado español. Suponemos que serán muchas más las historias que no salen a la luz. Nos gustaría que no fueran sólo números, poder ponerles nombre y rostro a todas ellas, mostrar cómo son esas vidas en cautiverio contra las que se han rebelado, y hacernos eco de lo valientes que fueron al intentarlo. Sin embargo, los medios convencionales suelen tratar estas informaciones como meras anécdotas, e incluso en tono de humor.

Para nosotras no es cuestión de risa, Pipo no es sólo una anécdota, sino un individuo atrapado y esclavizado que ha sentido la necesidad de ir más allá de su sucia jaula. 

Pipo en sus instalaciones del Circo Roma Dola Imagen: Igualdad Animal
Pipo en sus instalaciones del Circo Roma Dola
Imagen: Igualdad Animal

Luchemos para que algún día lo consiga.

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