Buba nació en 2013 entre rejas en el Zoo Aquarium de Madrid, la misma institución que hace dos días se lavaba rápidamente las manos ante el hallazgo de un cetáceo muerto a unos metros de sus instalaciones, y quedaba absuelta automáticamente de responsabilidad sobre este hecho. El delfín enterrado en la Casa de Campo procedía “del tráfico ilegal de animales”, así que, de un plumazo, ningún zoológico del Estado está bajo sospecha. No contamos con pruebas suficientes para afirmar sin riesgo que los zoológicos se benefician del tráfico ilegal, pero sí para demostrar que el tráfico legal con el que juegan y comercian estas instituciones, se cobra víctimas constantemente, tal y como mostrábamos en este artículo hace unos meses. Buba es el último ejemplo de una larga lista, de la cual también forman parte aquellas a quienes obligaron a traerle al mundo.

Buba

Durante la primavera-verano de 2013, la ciudad de Madrid se llenó de anuncios del Zoo en las marquesinas que daban la “bienvenida al bebé elefante”. Aquél bebé era Buba. Ahora, esas mismas marquesinas, dan la bienvenida a la nueva familia de elefantes sin explicar de dónde viene ni qué sucedió con la anterior.

La madre de Buba, Samy, acababa de llegar a Madrid cuando dio a luz. Venía del Selwo Safari Park, en Estepona. Allí, se la había forzado a procrear con Ganapati, y se le había separado de su primera cría, Kanvar, que  fue enviada a un Zoo de Amberes.

Ganapati murió “por causas desconocidas” pocos meses después de que apartaran a Kanvar y a Samy de su lado, en noviembre de 2013. En julio de 2014, Samy falleció también “por causas desconocidas”. Tenían 27 y 25 años respectivamente, menos de la mitad de la esperanza de vida de una elefanta asiática en libertad. Ninguna de sus muertes se anunció en las marquesinas.

En este artículo puedes encontrar más información sobre Samy, Ganapati, y las 7 elefantas muertas sólo en el Zoo de Madrid desde 1995.

Tras la muerte de Samy, Buba quedó al cuidado de Jangolie, a la que designaron  como “su madre adoptiva”. En septiembre de 2015, cuando para el Zoo de Madrid ya no eran tan rentables ni novedosas, fueron trasladadas de vuelta a Selwo Park. El perverso acuerdo estaba ahí desde el principio, Buba estaría en Madrid el tiempo suficiente para hacer dinero con su nacimiento, y después volvería a Estepona para, en unos años, sustituir a Ganapati como semental. Los zoos y acuarios europeos se acogen a estos programas de cría e intercambio en el que, de antemano, se decide qué esclavos van a nacer, dónde, cuándo se van a separar, a dónde se les va a llevar y para qué.

Buba no llegó a conocer la libertad, pero tampoco el destino que le tenían designado. El 18 de marzo de 2016, Selwo Park anunció su muerte. No lo hizo a través de ninguna marquesina, sino de una penosa nota en sus redes sociales.

Sin título

Buba había fallecido, cómo no, “por causas desconocidas”, por uno de esos misteriosos virus que no tiene nada que ver con que te roben la libertad, manipulen todos los aspectos de tu vida, te exhiban, te trasladen de un lado a otro, te separen o maten a todas las que conoces y amas…

Buba ya no será más su juguete. Nuestra corazón está ahora con Jangolie, la única que, aunque forzada, ha vivido con él y le ha cuidado de igual a igual. Con ella y con todas las que siguen allí, detrás de las mismas rejas, con todos con los que se trafica, legal o ilegalmente, como si su vida y su libertad no valieran más que el beneficio que se puede sacar de ellas.

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