El cautiverio mata, mata constantemente. El número de vidas con las que acaba es incontable, sus nombres y sus historias imposibles de recopilar. Alguien los mete en una bolsa, hace una llamada y se deshace del problema, que la mayoría de las veces pasa desapercibido.

A veces son las condiciones del encierro, las enfermedades, el hacinamiento, las heridas infectadas… Otras veces, la pura tristeza por la privación de libertad. Muchos animales cautivos se suicidan o, simplemente, se dejan morir. Seguramente fue eso fue lo que le pasó a Maris, la beluga de 21 años que apareció muerta “sin causa aparente” en el Georgia Aquarium el 23 de octubre de 2015.

Maris
Maris (1994-2015)

La institución se mostró en los medios profundamente afectada por la pérdida “repentina” de Maris. Lo que no mencionaron fue que, en mayo de este mismo año, la habían obligado a tener un bebé que había muerto antes de alcanzar el primer mes de edad.

Aparte de la hija de Maris, al menos otras dos crías de beluga han nacido y muerto en cautividad este año, ambas en el parque SeaWorld de San Antonio. La tasa de mortalidad entre las belugas recién nacidas ronda el 65%. Los mamíferos marinos como ellas, y otros animales cuyos comportamientos naturales están ligados a los fuertes vínculos sociales con su familia y con su grupo, viven la tragedia del cautiverio de una manera particular. Esto hace que los programas de reproducción en cautividad sean especialmente problemáticos para los acuarios, y que por tanto les resulte más rentable seguir capturando animales en su medio natural.

Hija de Maris
Hija de Maris (mayo-junio 2015)

Las orcas son un ejemplo similar. El 12 de octubre de 2015 murió Valentin, tras casi 20 años de vida en Marineland Antibes, un parque de la costa azul francesa. Nacido esclavo el 13 de febrero de 1996, Valentin era hijo de Freya y Kim II, y la única orca macho a la que se ha permitido convivir con su madre en cautiverio (el vínculo madre-hijo es vitalicio en la naturaleza entre las orcas, pero los acuarios normalmente lo rompen por transacciones económicas). Así pues, podemos imaginar que la vida robada de Valentin se tornó aún más devastadora cuando Freya falleció el día 20 de junio a causa de una “larga enfermedad” sin determinar. Freya había sido capturada en Islandia en 1982, y había tenido cinco hijos en cautividad, de los cuales sólo le quedaba Valentin.

freya y valentin
Freya (1982-2015) y Valentin (1996-2015)

A todo esto se unió el hecho de que las instalaciones del parque de Antibes se vieron gravemente afectadas  por las inundaciones que sufrió la costa francesa a finales de septiembre: “se quedaron sin electricidad, fallecieron todos los peces y tortugas del parque, y puede que algún león marino. El agua de los tanques se ensució mucho y los filtros dejaron de funcionar”. No se pudo establecer, sin embargo, relación directa entre la muerte de Valentin y las inundaciones.

Aparte de la tristeza, una de las causas más comunes de las enfermedades que afectan a orcas y otros animales en acuarios es la infección por hongos. El último ejemplo es la muerte de Unna en SeaWorld San Antonio, el 21 de diciembre de 2015. Unna tenía 18 años y no había conocido nunca la libertad. En el océano, las orcas como ella pueden vivir 50, y hasta 100 años.

Unna
Unna (1996-2015)

La cría en cautividad no puede sustentarse de ninguna manera como excusa para mantener la esclavitud de animales no humanos. De hecho, es fuente de numerosas muertes, y la selección genética genera nuevos problemas y enfermedades. El 18 de diciembre, la fundación SARMOTI, creada para respaldar la imagen pública del espectáculo de Las Vegas Siegfried & Roy, anunció el fallecimiento de dos cachorros de tigre blanco. Habían tenido el atrevimiento y la indecencia de criar a estos animales entre rejas para el lucro y entretenimiento ajeno, y ponerles como nombre Justice y Liberty (Justicia y Libertad), aun sabiendo que nunca conocerían el significado de esas palabras.

Justicia y libertad
Justice y Liberty (2015)
Justicia y libertad2
Justice y Liberty (2015)

Según sus esclavistas, durante su corta vida, ambos sufrieron una infección que les condujo a un fallo renal. El hecho es que “la tasa de mortalidad neonatal de cachorros de tigre blanco es del 85%. Los tigres blancos no son una subespecie – son una anomalía genética y la consanguinidad para el alelo recesivo que es necesario para crearlos conlleva numerosos riesgos serios y bien documentados de salud, incluyendo insuficiencia renal, ceguera , paladar hendido y una esperanza de vida disminuida en la remota posibilidad de que sobrevivan a la infancia”.

Así como los nacimientos en zoos y acuarios suelen ser publicitados a bombo y platillo,  la muerte en cautividad y sus causas, en la mayoría de los casos, pasan desapercibidas. El Zoo Aquarium de Madrid, por ejemplo, no se hizo eco de la muerte en 2014 de la elefanta Sammy. Este zoológico se muestra al público como un lugar en el que los animales nacen, crecen y celebran cumpleaños; pero en la trastienda, los servicios de recogida de animales muertos de la ciudad realizan retiradas periódicas de lo que ellos llaman “carcasas” y “kilos” de cadáveres apilados en bolsas. Estos son los datos que hemos podido recopilar sobre muertes en el Zoo de Madrid durante el último año:

El 4 de diciembre de 2014 solicitaron la retirada de un takin rumiante, varias bolsas, y “otro animal” de 200 Kg.

Ya en 2015, el 25 de enero, se retiró un bisonte y otros 800 kg. de animales sin determinar.

El 21 de abril comunicaron la muerte de un avestruz y 100 kg. más de animales muertos.

El 28 de mayo se recogió el cuerpo sin vida de un alce y varias bolsas con 200 kg. de cadáveres.

El 15 de junio entregaron un gamo y varios animales con un peso de 50 kg.

El 10 de junio se llevaron un oso y hasta 300 kg. de muertos sin identificar.

El 7 de agosto murieron varios animales con un peso total de 80 kg.

El 16 de septiembre se retiraron también varias “bolsas” de 50 kg. de peso.

El 9 de octubre se recogió un pingüino, un león, una raya, un arrui y otros animales.

El 18 de noviembre se solicitó la retirada de 40 kg. de animales muertos.

El 17 de diciembre entregaron “una carcasa” y varias bolsas de 150 Kg. de peso.

No eran bolsas, no eran carcasas. Eran individuos con capacidad de sentir, como nosotras, a los que alguien había obligado a nacer y morir para ganar dinero y satisfacer los intereses superfluos de algunas personas. Todas estas vidas perdidas no son hechos aislados, no son incidentes inexplicables y repentinos como nos quieren hacer creer. Son asesinatos. Igual que se asesina a quienes intentan escapar de esta condena. Igual que se asesinó al orangután Nieas el 31 de agosto, a los chimpancés King y Felipa el 26 de junio, al león Sumba y otros animales huidos del Zoo de Tbilisi también en junio, a Adán y Eva el 4 de mayo… Seguramente hay muchas más.

Y podríamos añadir a las decenas de miles de millones de animales que mueren cada año, cada día, cada hora en granjas, mataderos, laboratorios de experimentación, cacerías… Todos aquellos cuyas historias nadie contará, cuyas vidas y muertes anónimas se desvanecieron sin reconocimiento alguno en un plato o una prenda de vestir.

No podemos nombrarlas a todas, pero cada una de ellas importa, duele, será recordada cada segundo en nuestra lucha.

Holocausto animal
6.000 millones de asesinatos al año, sólo en alimentación, sin contar los peces y otros animales acuáticos

 

 

 

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