El 13 de junio de 2015 un hombre salió a dar un paseo matutino por el bosque en la localidad de Bunchen, al sur de Alemania, y murió aplastado por una elefanta. Los medios se preguntan cómo escapó Baby del circo y por qué atacó al hombre. Nosotras nos preguntamos qué hacía una elefanta africana en una población al sur de Alemania, a cuánto sufrimiento físico y psicológico vivía sometida, qué más hace falta para que nos hagamos conscientes de esta injusticia y terminemos con ella.

Muchas elefantas cautivas reciben el despersonalizado nombre de “Baby”. Esto nos hace más difícil realizar un seguimiento de sus historias. Además, para aquellos que comercian con la vida de los animales, estos nombres tan genéricos son una buena manera de camuflar a las más conflictivas y reubicarlas sin que sus antecedentes echen atrás a los compradores y visitantes; pero, de vez en cuando, alguna Baby se abre camino desde el anonimato para demostrarnos de nuevo que los paquidermos están librando su propia batalla contra la esclavitud. Hace unos meses publicábamos los sucesos de los que había sido protagonista una de ellas, una elefanta asiática trasladada de circo en circo por sus problemáticos “accidentes”, que incluían hechos tan poco accidentales como repetidas fugas y ataques.

La Baby protagonista de esta historia, en cambio, es una elefanta africana de 34 años. La mayoría de elefantas de esa edad han sido capturadas en su medio natural, separadas de sus madres aún en edad de lactancia y han presenciado cómo masacraban a sus familias. No hemos podido confirmar los orígenes de Baby, pero sí que un biólogo la había visitado unos meses antes de este ataque, y había dictaminado que tenía problemas de comportamiento que, para muchos paquidermos, vienen derivados de estrés post-traumático.

Baby 2

En cualquier caso, el Circo Francordia la mantenía cautiva desde hacía años tras una valla electrificada, lo cual sería por sí sola una razón suficiente para su sufrimiento psicológico. Para eludir su responsabilidad sobre la muerte de un inocente, y de paso negar la posibilidad de que Baby hubiera encontrado por sí misma la manera de escapar, los responsables del circo no dudaron en acusar sin pruebas a activistas por los derechos de los animales de haber manipulado la valla. Sin embargo, no era la primera vez que Baby manifestaba su ira y sus deseos de ser libre.

En el año 2000 hirió en la cara a una mujer con la trompa. Poco después fue protagonista de dos intentos de fuga con daños materiales mientras la sacaban a desfilar. En 2010, durante una fiesta de empresa, Baby utilizó sus poderosos colmillos para lanzar por los aires a un hombre de 24 años y su bebé de nueve meses, resultando ambos gravemente heridos. El circo decidió cambiarla de nombre y hacerla pasar por un macho. De este modo, además de desprenderse del estigma de que su elefanta era peligrosa para el público, justificaban el hecho de que estuviera sola (Recordemos que los elefantes macho son solitarios en la naturaleza, pero las hembras necesitan el apoyo de una manada). Pero la soledad y la tristeza de la elefanta no eran tan fáciles de ocultar. Bajo el nombre de Benjamin, fue protagonista de otro ataque en 2012, rompiéndole la mandíbula con la trompa a un niño que se acercó demasiado.

Así que a nadie puede sorprenderle que, finalmente, la ira de Baby se cobrara alguna vida humana. Tenía razones de sobra para estar enfadada y, aunque lamentemos las heridas y la muerte causada, no podemos dejar de pensar que es ella la mayor víctima de todo este despropósito. Los elefantes cautivos en circos de todo el mundo no dejan de gritarnos que quieren ser libres, que su esclavitud debe terminar. Un día tras otro intentan escapar, manifestar su sufrimiento y descargar su rabia. Poco tiempo después del último ataque de Baby, tres elefantes esclavizados por el Cirkus Arena se rebelaban así en Dinamarca:


Baby estuvo cerca de ser eutanasiada (ejecutada), pero finalmente se le trasladó al Safari Park Stukenbrock, una nueva cárcel donde al menos convivirá con otras de su especie, aunque muy probablemente su sufrimiento se seguirá usando como moneda de cambio para la diversión de algunas personas y las ganancias de otras. Para acabar con esta espiral de injusticia no sólo es urgente y necesario hacer que el circo con animales pase a ser algo del pasado. También es necesario construir y apoyar lugares en los que estos animales a los que se ha robado la vida puedan terminar sus días con dignidad. Lugares como el Santuario de Tennessee o el que se está construyendo al sur de Francia. Queda mucho camino por recorrer, pero los elefantes ya están haciendo su parte. Sólo necesitan nuestra ayuda y solidaridad.

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