El 16 de septiembre de 2015, una brevísima nota de prensa internacional informaba de la muerte de un cuidador del Zoológico de Wroklaw (Breslavia) en Polonia, a manos de un tigre de Sumatra. Casualmente, el mismo Zoo albergaba esa semana una conferencia de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios).

Esta organización manifiesta que su “misión es facilitar la cooperación entre la comunidad de zoos y acuarios europeos para el logro de los objetivos de educación, investigación y conservación”. Es decir, que coordina la manera en la que este tipo de negocios se presentan al público para simular que sus intereses no son meramente económicos y desviar la atención de la injusticia y aberración que supone el cautiverio y exhibición de animales por diversión. Con la crème de la crème de la EAZA en la ciudad, el Zoo de Wroklaw tuvo la oportunidad de explicar la secuencia de acontecimientos exactamente de la misma forma que cualquier otro zoo explicaría la secuencia de acontecimientos: fue un “error humano” y un “hecho aislado”, alguien se dejó “una puerta abierta” accidentalmente… Es la cuarta vez en pocos meses que leemos esta misma explicación que no explica nada, véanse los casos de NieasCheetah, King y Felipa; o Rihanna, Keren Peles y Karnabela.

Ryszard Pakla, el hombre fallecido, no está aquí para defenderse de las acusaciones, pero llevaba más de 20 años dedicándose a cerrar correctamente las puertas de aquel recinto. Además, conocía al tigre y sus costumbres, y se había hecho cargo de él y de su jaula desde su llegada en mayo de 2010. Tengah era fruto de uno de los múltiples acuerdos de intercambio de vidas entre zoos europeos. Cuando Puffi, un tigre que era uno de los animales más llamativos de Wroklaw murió en marzo de 2010, Tengah y su hermano Tebo llegaron desde Alemania para sustituirle. Pero para entonces ya se había acordado también cómo, cuándo y para qué serían separados.

Los últimos momentos de Tengah junto a su hermano
Los últimos momentos de Tengah junto a su hermano
Zoo Wroclaw
Momento de la separación

El acuerdo se hizo efectivo en febrero de 2015: Tebo fue a parar a Heidelberg, y Tengah se quedó solo hasta la llegada en junio de la que estaba destinada a ser su compañera, Nuri, una tigresa de dos años procedente del Zoo de Chester. Los tigres son animales solitarios y territoriales, así que no es difícil comprender cómo todos estos movimientos de separación y convivencia forzosa pudieron afectar a Tengah. El hecho es que, aquel día, el cuidador estaba en el territorio que Tengah había sido obligado a habitar, y éste lo defendió lanzándose a su cuello. El mismo hombre que le cuidaba y limpiaba era el ejecutor de su privación de libertad y, aunque no podamos alegrarnos por su muerte, si podemos llegar a comprenderla. Más aún cuando comprobamos que hechos como éste suceden una y otra vez.

Y es que, señores de la EAZA, directores de zoos y acuarios del mundo: los hechos no se pueden considerar “incidentes aislados” cuando suceden constantemente a lo largo y ancho del planeta. El 17 de septiembre Tengah fue puesto en cuarentena bajo observación veterinaria durante 25 días. El 20 de septiembre Oz, otro tigre de Sumatra, mataba a su cuidadora en el Zoológico de Hamilton, en Nueva Zelanda. A nuestro entender, no hace falta observar más: los tigres de Sumatra quieren y necesitan ser libres, a este lado del mundo y al otro, y la preservación de su especie no reside en su encierro y manipulación. Oz también había llegado allí, en 2013, como parte de un programa de reproducción, y ya había engendrado dos cachorros junto a su impuesta pareja, Sali.

Oz jaula

La cuidadora fallecida, Samantha Kudeweh, también tenía más de 20 años de experiencia, también estaba limpiando la jaula cuando sucedieron los hechos, y su muerte también fue definida por las responsables del zoo como un “trágico accidente”. Tras unas horas de deliberación, se decidió no condenar a muerte a Oz, no por respeto y comprensión, sino por su alto valor como macho reproductor.

Los tigres de Sumatra escasean en libertad, por lo que son un preciado tesoro para los negocios de los zoológicos y para su excusa conservacionista. Sin embargo, protagonizan muchos incidentes incómodos para estas instituciones. Tan solo dos años antes de estos ataques, el 25 de mayo de 2013, la cuidadora de 24 años Sarah McCLay perdió la vida en el South Lakes Wild Animal Park en Cumbria (Reino Unido).

Padang, un tigre de sumatra de 11 años instigó, según el dueño del zoo, a su compañera Alisha a perpetrar el ataque con él. Ambos estaban en ayunas aquél día, pero las causas que desencadenaron la tragedia fueron, según la institución… ¿alguien lo adivina?… Efectivamente: “un error humano” y “una puerta mal cerrada”.

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