Según la versión oficial, de nuevo una puerta mal cerrada fue el origen de todos los males. Nieas, un orangután de 26 años, traspasó esa primera puerta que le separaba de la libertad y se dirigió a la siguiente. Acompañado de Balu en lo que, según el zoológico, se trataba de una confrontación entre orangutanes machos, comenzó a balancearse de una lámpara, desde la cual tenía acceso a saltar la valla del perímetro del zoológico. De acuerdo a una afirmación algo contradictoria de la misma versión, se encontraba ya trepando por la vaya perimetral y a punto de salir del recinto del zoo cuando fue abatido. Según algunas fuentes, Nieas encontró la manera de salir de su jaula (recordemos que la mayoría de los zológicos, cuando finaliza la exhibición encierran a los animales en recintos más pequeños o jaulas individuales) y fue él mismo quien abrió otra puerta para permitir salir a Balú. Tras el supuesto enfrentamiento entre ambos, Nieas salió del recinto de los orangutanes a través de una ventana que encontró en el techo, y se dirigió a la verja exterior del zoo.

Balu fue sedado; pero Nieas fue asesinado con el siguiente argumento: “utilizar dardos en lugar de munición real no era viable, ya que el sedante habría tardado varios minutos en hacer efecto. Para entonces el simio ya habría estado en el tráfico de la ciudad y no podríamos haber descartado lesiones a los miembros del público”. Lamentablemente, no se hizo uso de este sentido de la lógica y de la anticipación a la hora de decidir enjaular y exhibir animales que, de forma inevitable, pasarían su vida deseando y buscando la libertad. Tampoco a la hora de destruir su hábitat.

Nieas

La vida de Nieas terminó el lunes 31 de agosto de 2015 en el Zoo de Duisburg (Alemania). La de Sandra comenzó también en un Zoo alemán, en Rostock, en 1986. Pero Sandra nació de nuevo en diciembre de 2014, cuando un tribunal argentino decretó su puesta en libertad al reconocer que se trataba de una “persona no humana” que estaba encerrada sin haber cometido ningún delito. No era la primera vez que se aplicaba el habeas corpus a un simio (ya había sucedido en Brasil, en 2005, con el chimpancé Monti).

Sandra, Habeas corpus

Pero ni la vida de Nieas ni la de Sandra deberían estar en manos de los designios de jueces y pistoleros. Tampoco su libertad. Deberían ser suyas y sólo suyas. Y todas y cada una de nosotras deberíamos reconocer ese derecho y respetarlo.

Si así lo hiciéramos, el hábitat natural de los orangutanes en lugares como Borneo y Sumatra no estaría siendo arrasado por la industria del aceite de palma. Y los zoos no podrían utilizar el argumento de la conservación de las especies en peligro como excusa para mantener su negocio de compra-venta, intercambio, exhibición y esclavitud de individuos sintientes.

Si así lo hiciéramos, ningún animal tendría que vivir su vida con la angustia y las privaciones a las que Sandra y Nieas tuvieron que enfrentarse.

Si así lo hiciéramos, nadie podría matar nunca a otro ser con la justificación irracional y especista que se ha dado al asesinato de Nieas: que, “en última instancia, la preservación de la vida humana es lo primero”.

Policía custodiando la injusticia frente al Zoo de Duisburg

Sandra está aún a la espera de que se aplique su sentencia y pueda ser trasladada a un santuario en Brasil o en Florida. El chimpancé Monti murió en este proceso, sin llegar a conocer el resultado de los designios judiciales. Otros simios, como la chimpancé Cecilia, han perdido recientemente causas similares a la de Sandra.

Cinco orangutanes continúan viviendo en el Zoo de Duisburg, tras las mismas rejas de la misma jaula de la que Nieas intentó escapar.

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