2 minutos y 43 segundos duró el encierro de San Fermín el 11 de julio de 2015. Seis toros fueros obligados a salir de los corrales, vareados por los pastores para forzarles a correr tras la multitud en un humillante ritual previo a su asesinato en la plaza esa misma tarde. Pero sólo 5 llegaron hasta el final del recorrido.

Curioso I, según los propios aficionados a esta barbarie, había pasado nervioso toda la noche. A la salida, se quedó rezagado y decidió volver por dónde había venido. No era dueño de su destino y no le permitirían serlo, pero eso no le impidió luchar para escapar de él.

Curioso Lo poco que sabemos de Curioso I es que venía de Ávila, pesaba 535 kilos, y aquellos que le obligarían a morir le definían como “negro entreperlado bragado”. Seguramente había pasado miedo en aquel camión que le trasladaba junto a sus compañeros, sin saber a dónde, sin saber lo que le esperaba, pero intuyendo que no era nada bueno. Tal vez había sido drogado, o no había sido alimentado en varias horas. Probablemente había perdido peso por el estrés.

A las ocho de la mañana, justo en la línea roja que marca el inicio del calvario y el camino hacia la muerte para decenas de toros cada año, Curioso I se dio media vuelta.  “El pastor José Miguel Aráiz, popularmente conocido como Rastrojo intentó atraerle cuesta arriba, pero el toro parecía más interesado en ir a por él que en seguir hacia arriba. Curioso I se fue de nuevo abajo, hasta las puertas de los corrales que estaban cerradas, mirando desafiante a un cámara de televisión”.

Lo que muestran las imágenes es un individuo desesperado, buscando una salida, buscando la libertad. Pero ninguno de los presentes quiso escuchar el mensaje de Curioso. El toro volvió a ser recluido en el corral y, cuando el encierro finalizó, le llevaron de vuelta al camión y le trasladaron directamente a la plaza para ser humillado, torturado y asesinado.

Esa misma tarde, en la misma arena, ante las mismas miradas indiferentes, murieron también Artillero I, Armensito, Campanero I, Señorón II y Costurero. La misma suerte corrieron, sólo durante la semana de San Fermín de 2015, Campesino, Farruca, Centurión, Delta, Galán, Fastuoso, Hierbabuena, Cazador, Envilecido, Alabastro, Estanquero, Musulmán, Valiente, Encaminado, Filibustero, Jinetero, Enamorado, Jubilado, Jilguero, Bulería, Soplón, Injertador, Valdivia, Hostelero, Manirrota, Guardés, Labrador, Ostentito, Cansado, Ondulado, Cocherón, Melonito, Cerrado, Albardón, Costurito, Tabaquero, Cataviñas, Café, Pizpito, Juguetón, Montanero, Boticarrillo, Fuerte, Sobervio, Rayito, Tunantito, Flamenquillo, Ramero y Almendrero.

Como ellos, unos 28 toros mueren cada día en festejos populares. A todo esto hay que sumar el sufrimiento de miles de caballos y yeguas que también son utilizados en las plazas. En 2 minutos y 43 segundos, las aficionadas, los patrocinadores, los medios, las personas que no le dan mayor importancia… lo que celebran es sólo el principio de una terrorífica masacre.

Curioso no quiso vivir ese principio, pero tuvo que vivir ese final. Salió al ruedo en cuarto lugar. Las críticas taurinas definen su salida como “cobarde”, “ajena a la bravura y al poder”. Lo que sucede es que no han entendido nada. El poder es lo que quieren los hombres cuando llevan a un animal a la muerte por dinero, gloria y diversión. Lo que quería Curioso era, sencillamente, la libertad.

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