Sucedió el 26 de junio de 2015, tan solo un mes y medio después de la fuga y el asesinato de los chimpancés Adán y Eva en Mallorca. Dos islas separadas por kilómetros de mar y tierra, y 5 individuos que nunca se conocieron tomando la misma decisión ante la misma situación: escapar de la jaula del zoo.

No son hechos aislados. No puede ser casualidad.

Sin embargo, los responsables de los zoos siguen intentando hacernos creer que estas historias son accidentes puntuales, consecuencias de errores humanos que nada tienen que ver con el deseo de otros animales de ser libres. Así es como cuentan la historia: una veterinaria se dejó una puerta abierta accidentalmente, y Cheeta, King y Felipa aprovecharon para huir. El zoo Oasis Park, en La Lajita (Fuerteventura), habla de “conservación” cuando se refiere al cautiverio de estos individuos que provenían del tráfico ilegal. Tal vez habían nacido libres y habían sido capturados. Tal vez habían nacido en una jaula peor incluso que aquella. Lo que es seguro es que no querían ser “conservados” como un objeto de exhibición, privados de libertad mientras otras personas ganaban dinero a su costa.

Probablemente nunca nos permitirán saber qué sucedió realmente aquella mañana, cómo se pasó de una puerta abierta a burlar todos los controles, a mil personas evacuadas y una cacería mortal por parte del SEPRONA. Tampoco nos ayudarán a entender el significado de que dos de las tres personas heridas por los chimpancés (con diagnóstico leve) fueran los propietarios del propio parque. Seguramente tampoco esto es casualidad, seguramente Cheeta, King y Felipa sabían perfectamente lo que estaban haciendo, a quién y por qué.

Algo que sí intentan explicarnos, y que nunca llegaremos a comprender, es que era absolutamente “necesario” ejecutarles con armas de fuego, porque los dardos tranquilizantes no garantizaban suficientemente la seguridad de las visitantes.

King y Felipa murieron aquel día. Cheeta quedó malherida, tuvo que ser operada y, finalmente, fue devuelta a la jaula.

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Podemos imaginar cómo será para ella regresar al encierro, con el recuerdo de sus compañeras muertas, con el recuerdo de, al menos, haber intentado ser libre. De nosotras depende que Cheeta no esté realmente sola en su cautiverio, luchar con ella y por ella para construir un mundo en el que nadie tenga nunca que volver a una jaula, ni perder la vida por querer la libertad.

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