El lunes 4 de mayo de 2015 Eva y su compañero, Adán, consiguieron romper unos barrotes y escapar de su jaula en el Safari-Zoo de Sa Coma, en la localidad mallorquina de Sant Llorenç. Los responsables del zoológico evacuaron a todos los visitantes y movilizaron a las fuerzas de seguridad: agentes de Policía Local, un helicóptero de la Guardia Civil, efectivos de Seprona… Todo un escuadrón de mercenarios con orden de disparar a los animales, bajo la excusa de que eran “muy peligrosos” y de que nada más escapar habían empezado a “romper cristales y atacar a otros animales”.

Finalmente, Eva fue localizada esa misma noche y asesinada a sangre fría en la carretera de Son Carrió. Adán, sin embargo, continúa en paradero desconocido dos días más tarde.

“No es la primera vez, ni será la última, en la que animales desesperados escapan de estos lugares y luego son matados a tiros. Triste e injusto final para una vida todavía más triste vivida entre barrotes” (Igualdad Animal).

Sólo un día antes de la hazaña de Eva y Adán, un niño había sido atacado por un león marino mientras celebraba su cumpleaños en un zoológico de Tenerife. En estos centros de encierro reinan la frustración, la desesperación y la tristeza, y se manifiestan de las más diversas maneras. Sólo tenemos que empezar a escuchar lo que estos animales nos están diciendo con sus fugas y ataques: que estos lugares tienen que desaparecer. Que ellas también quieren ser libres. 

querer la libertadPor un destino mejor para Adán, para ese león marino y para todos los individuos en su situación, tenemos que luchar por el fin de todas las jaulas. Para Eva ya es tarde, pero desde aquí le deseamos larga vida a su recuerdo, y al recuerdo de la libertad que consiguió conquistar brevemente antes de morir.

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