Lágrimas de A-Ho

Aún hay quien se atreve a afirmar que sólo los animales humanos podemos derramar lágrimas provocadas por emociones. Sin embargo, hay pruebas de que los elefantes lloran por la muerte de sus parientes y amigas. También hay científicos que afirman que de los ojos de delfines y osos brotan lágrimas cuando sienten que se acerca el final de su vida. Las focas y las jirafas miran a sus cazadores con la mirada empañada en llanto.

Llanto no humano

No sabemos si las lágrimas de A-Ho se debieron al dolor de la caída, a su pierna fracturada, al sufrimiento de toda una vida de frustración y encierro, o a la tristeza por haber tratado de escapar y no haberlo conseguido. Pero A-Ho lloró.

Sus lágrimas dieron la vuelta al mundo el 27 de diciembre de 2014, cuando intentó escapar del camión que le llevaba de camino a una granja de Taichung (Taiwan), donde le roban la vida para exhibirlo como la “actuación estrella”.

Tras saltar del camión, A-Ho rebotó en un vehículo aparcado, antes de caer sobre el duro asfalto y sufrir daños en su pierna y en sus dientes. El hipopótamo herido, casi inerte, fue devuelto al camión y enviado rumbo a la cárcel de la que intentaba huir.

Sí, los hipopótamos pueden llorar. Pero también pueden luchar, desear la libertad, y ponerlo todo en juego para tratar de conseguirla. Más allá de las lágrimas, A-Ho representa esa fuerza que enjuga las nuestras y nos da razones para seguir luchando.

Sus lágrimas son demasiadas. Las nuestras no son suficiente.

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