Susi y Jenny llegaron al Gran Circo Mundial en 1992, procedentes del Reino Unido. Gerry Cottle, un famoso empresario circense de aquellos lares, había decidido adaptarse a los nuevos tiempos y dejar de utilizar animales no humanos en sus espectáculos. Sin embargo, no dejó escapar la ocasión de sacarles la máxima rentabilidad y, en lugar de buscar una alternativa digna para liberar a Susi y Jenny de su esclavitud, decidió venderlas a un país donde los defensores de los derechos de los animales aún no estaban ejerciendo mucha presión.

Espectáculo con elefantas en el Circo Mundial (2010) Fotografía tomada de http://www.flickr.com/photos/xmangel/
Espectáculo con elefantas en el Circo Mundial (2010) Fotografía extraída de: http://www.flickr.com/photos/xmangel/

Por suerte eso no duraría mucho, y en su nuevo destino estas elefantas también encontrarían gente dispuesta a levantar la voz por ellas. Los circos tienden a defenderse de los argumentos abolicionistas esgrimiendo todo tipo de excusas prefabricadas que, como mucho, pueden llegar a demostrar su cumplimiento de la normativa vigente; pero jamás proporcionan una justificación ética a la explotación a la que someten a los animales no humanos. De entre estas excusas, una de las más comunes es declarar que todos los animales que utilizan en sus espectáculos han nacido en cautividad.  En primer lugar, criar animales en cautividad para explotarlos no es precisamente algo de lo que vanagloriarse. En segundo lugar, esto no siempre es cierto.

En mayo de 2013, una organización denunció la presencia en circos del estado español de 13 elefantas asiáticas nacidas en estado salvaje. Susi, Jenny, y sus compañeras Kato y Bully, estaban entre ellas. Aunque consideramos que cada una de estas 13 elefantas como individuo que siente y sufre las consecuencias del cautiverio es más relevante que la especie en la que hayan sido clasificadas, es interesante señalar que el elefante asiático es una especie en peligro de extinción y está expresamente prohibida su captura. La disminución de su población está en gran parte causada por su utilización para espectáculos de todo tipo.

Michael Cotterman

Según la base de datos www.elephant.se, Susi nació en estado salvaje en un lugar indeterminado del continente asiático en 1971. Jenny lo hizo en 1973. Cuando llegaron a su primer centro de explotación, el Austen Cottle Circus, sólo tenían uno y tres años respectivamente. Las crías de elefante pueden mamar hasta los cinco años de edad, lo que significa que las pequeñas Susi y Jenny fueron arrancadas literalmente de su madre, y separadas de su manada. Aunque no existen datos de cómo fueron su captura y su traslado, nos podemos hacer una idea a partir de lo que se muestra en este vídeo -teniendo en cuenta que las elefantas de las que hablamos habrían sido atrapadas hace 40 años, cuando existía aún menos control sobre el número y las condiciones de las capturas-:

Kato y Bully debieron de correr una suerte parecida. Según la misma base de datos, ambas nacieron libres en 1968, y también comenzaron su “carrera” en un circo británico (Billy Willson Smart). Todas ellas fueron adiestradas mediante un método denominado “free contact”, probablemente el más severo de los existentes, que consiste en que el entrenador se erige en individuo alpha de la manada y ejerce el dominio y la coerción sobre el resto. El adiestramiento se inicia cuando la elefanta es un bebé, y dura unos dos o tres años. Actualmente, tanto el Gran Circo Mundial como otros circos que operan en el estado español, niegan que exista ningún tipo de castigo o maltrato físico en sus entrenamientos. Aunque esto fuera cierto, Kato, Bully, Susi y Jenny ya llevaban mucho a sus espaldas cuando llegaron aquí… En la época en la que fueron capturadas y comenzaron sus entrenamientos, era más que frecuente el uso de ganchos y otros instrumentos de tortura para enseñarles a retroceder, a recostarse o realizar trucos. Independientemente de la técnica que se utilice para lograr la actuación, las posturas que toman los elefantes en los espectáculos de circo son altamente lesivas.  Según http://www.water-for-elephants.com/, algunos ejemplos son los siguientes.

El peral (concentración de todo el peso sobre los pies delanteros): ” estas posiciones pueden causar heridas a las articulaciones y a los discos intervertebrales de los elefantes adultos, así que fisuras en las uñas. Cuanto a los ejercicios de equilibrio, esos pueden ser la causa de perturbaciones motores en las articulaciones del codo y de la rodilla”. 

Apoyarse sobre las patas traseras: “Aunque ocasionalmente en la naturaleza, los elefantes se levantan sobre las patas traseras para coger altas ramas, este ejercicio en los circos puede conducir a problemas importantes particularmente dolorosos de salud para el animal: hinchazones de las articulaciones,  hygroma y derramamiento alrededor del codo…”

Espectáculo con elefantes en el Ringling Brothers Circus
Espectáculo con elefantes en el Ringling Brothers Circus

Sentarse: Hacer sentar a un elefante conduce a una presión excesiva sobre el diafragma que puede causar una hernia. ” En este caso la pared muscular se rompe y los órganos internos son empujados a través de esta rotura. Es un estado grave que puede provocar la muerte si los órganos concernidos por el prolapsus (intestinos, vejiga, útero) sufren una estrangulación y necrosis “.

Susi y Jenny vinieron de Inglaterra acompañadas por su entrenador, Marcel Peters, que previamente había trabajado en el sometimiento de otros animales, como grandes felinos y hasta osos polares. Suponemos que Marcel trajo con él las técnicas que usara allí en su día, fueran las que fueran. Actualmente, las cuatro elefantas actúan a las órdenes de Aurora Papadopaulos (Miss Aurori), quien para entretenimiento del público las obliga en cada show a tumbarse, conducir carruseles, o realizar “sorprendentes equilibrios giratorios a una sola pata sobre pedestales”. Aparte de esto, las elefantas asiáticas realizan una actuación mixta con caballos andaluces, en la que intervienen las hijas gemelas de Miss Aurori.

Una elefanta asiática en libertad, a la edad de Kato y Bully podría tener varias crías. Viviría en una gran manada, junto a la cual recorrería varios kilómetros cada jornada en busca de agua y comida, se alimentaría por la noche y pasaría gran parte del día descansando. Ellas, en cambio, llevan 40 años viviendo en camiones y haciendo trucos sobre un pedestal. Se les ha negado la posibilidad de vivir y relacionarse según su naturaleza. Y, más aún, les han sido arrebatadas a su comunidad. Está probado que la estructura social de los elefantes es muy compleja, y que echan en falta a los individuos que pierden, sea por la razón que sea.  Las madres de estas elefantas las gestaron durante 22 meses, y aún las estaban amamantando cuando se las llevaron. No sería de extrañar que, de seguir vivas, siguieran lamentando su ausencia.

Susi, Jenny, Kato y Bully, probablemente no llegarán a cumplir los 60 ó 70 años que podrían haber vivido en libertad, al igual que no lo hicieron Emma, Sara y Ungerly, tres elefantas fallecidas en el Gran Circo Mundial. El mismo destino les espera a Deli, Indra y Raya, las tres elefantas cuyas vidas han sido arrebatadas a la libertad y encadenadas por el Gran Circo Americano de los hermanos Faggioni.

Elefanta en el Gran Circo Americano. Fuente: Igualdad Animal
Elefanta en el Gran Circo Americano. Fuente: Igualdad Animal

(Nota: el Circo Americano declara en su web “Es completamente falso que nuestros animales son arrancados de su medio natural”; pero la base de datos www.elephant.se indica lo contrario, y hasta ahora los Faggioni no han dado explicaciones convincentes al respecto)

elefante circo americano

De todas depende que el uso de animales en el circo deje de ser un negocio rentable. Más allá de su abolición a nivel legal, lo que los animales no humanos necesitan es que dejemos de verlos como recursos a nuestra disposición. No se trata de que se termine con esto aquí y se lleve a alguna otra parte donde aún se le pueda sacar beneficio, como sucedió con Jenny y Susi. Se trata de que estos individuos sean respetados como tales, vean reconocidos sus derechos y puedan terminar su vida, que ya les ha sido robada, de la manera más digna posible.

 

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