El Zoo Aquarium de Madrid quería a toda costa que una cría de elefante naciera en sus instalaciones. Finalmente, en marzo de 2013, llegó Buba. El evento fue rentabilizado al máximo, se anunció en todos los medios, se publicitó por toda la ciudad: “Bienvenido, bebé elefante al Planeta Zoo”. Sin embargo, no dijeron ni una palabra, ni una explicación, cuando Samy (la joven elefanta madre de Buba), falleció por causas desconocidas el pasado 11 de julio, apenas un año más tarde.

Ante la falta de información, sólo podemos reconstruir los hechos, juntar las piezas, e imaginarnos cómo las privaciones y el tipo de vida que los zoológicos han obligado a vivir a Samy han podido influir en una muerte tan prematura:

1.Le robaron la libertad:

Como la gran mayoría de elefantas asiáticas cautivas, Samy nació en libertad. En su caso fue en India, en 1989. A los cuatro años fue capturada, separada de su familia -con la cual, en circunstancias naturales, habría permanecido toda la vida- y posteriormente trasladada al Jardim Zoologico de Lisboa.

2. Traslados y programas de reproducción:

Para los zoos, los animales son mercancías. Los acuerdos y entramados de intercambio y compraventa entre diferentes instituciones son prácticamente imposibles de seguir, así como los intereses ocultos tras ellos. El hecho es que la mayoría de animales pasan a lo largo de su vida por numerosos centros de explotación, especialmente si, como en el caso de Samy, resultan interesantes para los programas de reproducción. Después de diez años en Lisboa, Samy fue trasladada al Selwo Safari Park de Estepona donde, en julio de 2008, dio a luz a su primer hijo: Kanvar.

3. Separada de su primer hijo:

Lo más común es que los animales en cautiverio no se reproduzcan de manera natural, por lo que los zoológicos llevan a cabo costosos programas de inseminación, fuerzan a las parejas a copular, o  trasladan a las hembras de un lugar a otro hasta que dan con un macho compatible. No sabemos cuál fue exactamente el caso de Samy, pero sí que convivió en Selwo Park con su familia hasta que el nuevo bebé y la imagen de la manada feliz dejó de ser noticia. Ya no era rentable mantenerles juntos.

La gestación de una elefanta asiática dura 21 meses, y el vínculo emocional que se establece entre una madre y una hija en su sociedad es de por vida. Sin embargo, para los zoos la rentabilidad es lo primero y, como máximo, respetan el vínculo el tiempo justo necesario para que la cría pueda sobrevivir físicamente sin su madre.

Cuando Kanvar tenía unos 5 años (curiosamente, la edad aproximada a la que se produce el destete), Samy quedó embarazada de nuevo, fue separada de su hijo y enviada al Zoo de Madrid. Poco después de la partida de Samy, Kanvar fue vendido o cedido al Zoo de Amberes. Selwo Park y Zoo Aquarium de Madrid pertenecen a la misma empresa multimillonaria (Parques Reunidos), así que no es difícil imaginar que todo estaba planeado desde el principio para sacar la mayor rentabilidad a la fertilidad de Samy.

Ganapati, el padre biológico de las dos hijas de Samy , había vivido con ella desde que a ambos les robaron la libertad, a juzgar por las fechas de su captura y traslados. Cuando se llevaron a la madre y el hijo, el padre quedó atrás. Gana Murió en Selwo Park, también por “causas desconocidas“, en noviembre de 2013, cuando tenía 27 años.

Samy y Buba

La tristeza y el estrés de una separación familiar (aparte de todas las privaciones y manipulaciones a las que son sometidos los animales en los zoos) son una causa perfectamente plausible para la enfermedad y muerte de un ser tan sociable como una elefanta. Desde el nacimiento de Buba, Samy se había mostrado cada vez más débil y delgada. Tampoco sería de extrañar, teniendo en cuenta su potencial capacidad para memorizar, que recordara lo sucedido con Kanvar y temiera un final similar para su nueva hija. Aunque los responsables de Zoo no hayan dado ninguna explicación al respecto, la muerte de Samy no fue ningún accidente ni les pilló por sorpresa. Apenas un mes antes, hicieron traer desde el Chester Zoo (Reino Unido) a otra elefanta de 46 años con experiencia maternal para hacerse cargo de Buba una vez que ésta quedara huérfana. La “sustituta”, de nombre Jangolie, también había sido separada de sus dos hijos cuando éstos habían alcanzado una edad adecuada para el destete.

En el caso de que nuestra hipótesis estuviera en lo cierto, no sería la primera vez que la ambición del Zoo de Madrid por conseguir un bebé elefante se cobra una vida. En 2001, una elefanta africana llamada Aurelia, fue enviada al Parque de Cabárceno para ser “cubierta”. Aurelia tenía 32 años y había nacido en libertad en Mozambique. Según los  medios que se hicieron eco de la noticia, no fue aceptada por la manada artificial de Cabárceno, y murió agredida por uno de los machos.

Las elefantas asiáticas en libertad pueden vivir unos 70 años. Samy sólo tenía 25 cuando se extinguió la vida que ya le había sido arrebatada en el momento de su captura. Con ella, ya son 7 elefantes (asiáticos y africanos) los que han fallecido en el Zoo Aquarium de Madrid  desde 1995. La mayor de ellas, Pepa, sólo tenía 44 años.

Al igual que Pepa y Samy, Jinny y Aquessa murieron por “causas desconocidas”. Landa falleció por una “infección” a los 35 años. Gordi fue “eutanasiada” tras una fractura de pierna, y Santi murió por “anestesia”. El zoo no sólo priva de libertad, explota y esclaviza a los animales… El zoo mata.

Los programas de reproducción no tienen como objetivo salvar a las especies, sino reproducir el dinero, reproducir los valores de opresión que hacen que unos animales sufran y mueran para entretener y enriquecer a otros. Buba ha nacido para ser una esclava y, si continúan existiendo los zoos, morirá como una esclava, al igual que sus padres.

Fuente: www. elephant.se

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