Imagen Tatanka Yyotanka, Búfalo-que-se-sienta, nació en Dakota del Sur en 1831. Como jefe de los sioux hunkpapa, luchó en la paz y en la guerra por preservar el territorio indígena. En la batalla de Little Big Horn, al mando de una coalición de sioux y cheyennes, Toro Sentado venció al Séptimo de Caballería, comandado por el General Custer. Perseguido por el ejército, Toro Sentado y sus hombres cruzaron la frontera de Canadá, pero el hambre los forzó a regresar: los búfalos habían sido exterminados.

Estuvo dos años preso y fue amnistiado. Entre tanto, se había convertido en un personaje mediático: los periodistas lo perseguían para tomarle fotos y hacerle reportajes.

ImagenBúfalo Bill lo persuadió de que participara en su Espectáculo del Salvaje Oeste, donde se lo presentaba como “Toro Sentado, el vencedor de Custer”.

Por veinticinco centavos los niños podían comprar su foto autografiada.

Pero el jefe sioux no soportó ser exhibido como curiosidad más que una sola temporada y volvió a la reserva, donde siguió luchando por sus convicciones.

En 1890 Toro Sentado y su hijo Pata de Cuervo fueron muertos por la policía indígena en un confuso episodio.

ImagenAdemás del Espectáculo del Salvaje Oeste, de Búfalo Bill, también el circo alemán Sarrasani exhibió una tribu o un grupo de indios sioux.

 El hospital de Santa Creu, de Barcelona, registra en 1890 la internación de Charging Crow y Black Hawk (Cuervo-que-Ataca y Halcón Negro), de diecinueve y veinticinco años. Habían llegado a Barcelona con el espectáculo de Búfalo Bill, venían de la agencia india de Pine Ridge, estaban enfermos de viruela, sobrevivieron por su bien y por su mal, se les dio de alta poco tiempo después y partieron rumbo a Italia, a reunirse con el resto de la compañía.

Los circos, los zoológicos y algunos museos, fueron durante un tiempo lugares de exposición de seres humanos de diferentes fenotipos y características étnicas. Durante una época en la que tener la piel oscura y una forma de vida más concectada con la naturaleza estaba asociada a las demás especies animales, los sioux y otras sociedades indígenas eran considerados bestias. Eso sí, bestias curiosas con costumbres que atraían la curiosidad de médicos, científicos y antropólogos y, por supuesto, de otros sectores de la población menos versados que veían en estas exhibiciones la oportunidad de ver a estos animales a los que, de otra manera, no tendrían acceso.

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Con el tiempo, la esclavitud de seres humanos se ha prohibido y, consecuentemente, la exhibición involuntaria de éstos, el rapto y el cautiverio.

Por el contrario, siguen existiendo seres que son explotados y utilizados en circos y espectáculos, para que unas cuantas listillas se puedan lucrar.

Es el caso de los animales que, por no tener la suerte de pertenecer a la especie humana, son exhibidos y utilizados en los circos y zoológicos.

Es cierto que a Toro Sentado y a otras sioux “les trataron como a animales”, asumiendo que los animales no merecen ser respetados. Sin embargo: por un lado, las humanas somos una especie más dentro de las millones de especies del reino animal, es decir, también somos animales; y, por otro lado, no pertenecer a la especie humana no convierte automáticamente a los demás animales en cosas y no justifica la explotación ni ser utilizados como recursos por muy rentable que sea el negocio.

Fuente:

Shua, A. M., 2011. Fenómenos de circo. Colección Voces – Literatura, 158. Madrid: Páginas de espuma.

*El texto contiene citas literales

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