Stephan Bibrowski, conocido como “Lionel, El Hombre León”, nació en Varsovia en 1891. A diferencia de sus padres y sus seis hermanas que no presentaban ninguna anomalía, Stephan tenía todo el cuerpo cubierto de un pelo rubio fino y suave. Padecía una enfermedad conocida como hipertricosis, o “síndrome del hombre lobo”, que se manifiesta como un crecimiento excesivo del cabello por el cuerpo, excluyendo las palmas de las manos y los pies.

A los cuatro años de edad comenzó a ser exhibido en el Panoptikum de Berlín, un gran parque de atracciones, tras ser descubierto por un empresario alemán llamado Meyer.

A los diez años dio a parar con el circo de Barnum & Bailey, que buscaba un nuevo “fenómeno” peludo tras la muerte de su gran atracción Jo-Jo: El hombre con cara de perro.

Para la presentación de Stephan el circo decía que su aspecto era debido a que su madre, estando embarazada de él, presenció como su padre era devorado por un león que se había escapado del circo.

En 1904 participó en la gira mundial del circo, siendo objeto de curiosidad de diferentes médicos y antropólogos, volviendo posteriormente al Panoptikum de Berlín.

En 1910 fue exhibido en la Feria de Primavera de Basilea, donde ganó bastante popularidad.

Regresó a EEUU en 1923, seducido por la oferta de 500 dólares semanales si accedía a fiar su residencia en el parque de atracciones Coney Island.

Stephan, hablaba cinco idiomas, y le gustaba hacer deporte. A pesar de su extraño aspecto, era culto, divertido y un gran showman y, debido a su amabilidad, educación y habilidades sociales, fue bastante exitoso.

Finalmente regresó a Alemania, donde murió, en 1931, en un hospital de Berlín.

 

Los circos y otros espectáculos ambulantes fueron durante mucho tiempo la única forma de supervivencia para los comúnmente conocidos como “fenómenos”, seres humanos que debido a enfermedades degenerativas, enfermedades de nacimiento o mutaciones genéticas, sufrían malformaciones o síndromes poco comunes que causaban asombro y estupor por parte de la sociedad. Estas personas, encontraban en este tipo de shows una forma de ganarse la vida en un entorno que no les ofrecía ninguna otra opción. Los empresarios circenses y feriantes lo sabían y muchos aprovecharon esta ocasión para beneficiarse a costa de la situación desesperada de los “fenómenos”.

Con el tiempo, la exhibición de “fenómenos” se ha prohibido, y han sido eliminados de los números circenses y de cualquier otro tipo de exposición pública. Esto ha ocurrido porque la sociedad ha ido tomando conciencia de que la explotación de estas personas es injusta, y que una discapacidad no las excluye de la categoría de personas y mucho menos justifica que puedan ser utilizadas como recursos.

Stephan Bibrowski, debido a su particularidad, fue exhibido como se exhibe a un animal exótico. No es casualidad la analogía de su aspecto con el de un león, puesto que los leones, como animales no pertenecientes a la especie humana, son considerados actualmente como recursos y exhibidos en los espectáculos circenses a día de hoy, de la misma manera que se hacía con los “fenómenos” el siglo pasado.

Así pues, igual que los “fenómenos” los demás animales no están siendo incluidos en la categoría de personas, sino de cosas.

Es cierto que a Stephan le trataron como a un “animal”. Pero ser un “animal” de cualquier otra especie que o sea humana, no justifica la explotación ni el cautiverio. Por muy rentable que sea el negocio.

Fuentes:

Seres extraordinarios: Anomalías, deformidades y rarezas humanas. Manuel Moros. Ed. EDAF

Anuncios