Prince Randian nación sin brazos ni piernas, pero con un nombre que su trayectoria como fenómeno circense haría desaparecer.

Sus padres fueron sirvientes hindúes en Georgetown, la Guayana Inglesa. Lo descubrieron los agentes de P.T. Barnum, que lo exhibió con muchos apodos: el Hombre Oruga, Gusano, Almohada, Serpiente, el torso o el Cigarro Humano.

Se movía impulsándose con hombros y caderas en un movimiento sinuoso y veloz, se afeitaba en público con una navaja fijada a un poste, podía armar, encender y fumar un cigarro con la boca, además de pintar y escribir.

Se dice que fue un hombre inteligente y encantador, que hablaba cuatro idiomas. Así lo creyó sin duda su esposa, Sarah Hill, también hindú, con la que tuvo cinco hijos.

Murió a los sesenta y tres años, de un ataque al corazón, poco después de su última actuación.

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Los circos y otros espectáculos ambulantes fueron durante mucho tiempo la única forma de supervivencia para los comúnmente conocidos como “fenómenos”, seres humanos que debido a enfermedades degenerativas, enfermedades de nacimiento o mutaciones genéticas, sufrían malformaciones o síndromes poco comunes que causaban asombro y estupor por parte de la sociedad. Estas personas, encontraban en este tipo de shows una forma de ganarse la vida en un entorno que no les ofrecía ninguna otra opción. Los empresarios circenses y feriantes lo sabían y muchos aprovecharon esta ocasión para beneficiarse a costa de la situación desesperada de los “fenómenos”.

Con el tiempo, la exhibición de “fenómenos” se ha prohibido, y han sido eliminados de los números circenses y de cualquier otro tipo de exposición pública. Esto ha ocurrido porque la sociedad ha ido tomando conciencia de que la explotación de estas personas es injusta, y que una discapacidad no las excluye de la categoría de personas y mucho menos justifica que puedan ser utilizadas como recursos.

Prince Randian fue considerado y tratado como se trata a un gusano. A un gusano con el que se puede hacer un buen negocio.

Hoy en día siguen existiendo seres que son explotados y utilizados en circos y espectáculos, para que unas cuantas listillas se puedan lucrar. Porque, al igual que Randian y otros “fenómenos”, no se les está incluyendo dentro de la categoría de personas.

Es cierto que a Randian le trataron como a un gusano. Pero ser un gusano, o de cualquier otra especie animal, no justifica la explotación ni el ser utilizados como recursos. Por muy rentable que sea el negocio.

Fuentes:

Shua, A. M., 2011. Fenómenos de circo. Colección Voces – Literatura, 158. Madrid: Páginas de espuma.

*El texto contiene citas literales

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